TECNICATURA SUPERIOR: PRECEPTOR ASISTENTE TÉCNICO DOCENTE
Profesora: Neumann, Nancy
LENGUAJE Y PRODUCCIÓN DEL DISCURSO I y II
LENGUAJE Y PRODUCCIÓN DEL DISCURSO I y II
Profesora: Larrea, Carmen
PROGRAMA
MÓDULO
I
La lectura y escritura
en la
Educación Superior. Diferencias entre oralidad y escritura. Teoría de la
escritura, perspectivas. Relaciones entre texto y contexto. El paratexto. La
puesta en escena discursiva: la construcción enunciativa. Los géneros
discursivos. La polifonía.
Las secuencias textuales:
Los textos expositivos-explicativos y los textos con función argumentativa. Los
conectores en la argumentación.
Los textos argumentativos:
abordaje secuencial. El plan textual. Recursos verbales e icónicos en función
explicativa.
Describir el signo.
Principales teorías sobre el signo. Géneros discursivos como producto de
prácticas sociales. El proceso de composición. Referencia a teorías.
Conectores y organizadores textuales. Concordancia. Texto y
propiedades: coherencia, cohesión y adecuación
La Monografía. Partes de la Monografía. Partes de un trabajo
monográfico
TALLER DE
ORTOGRAFÍA: Usos ortográficos:: B . V Reglas de acentuación.. Abreviaturas.
TÉCNICAS DE ESTUDIO: El
estudio como actividad estratégica.
Estrategias de estudio y método para aprender a pensar. Resumen. Mapas
conceptuales.
TALLER DE LECTURA: Lectura de textos breves seleccionados.
MÓDULO II
La redacción,
Componentes. La narrativa, una lengua para la conversación, las letras en el
tejido de la vida. Conceptos, estilo de
composición y partes. Solicitud de trabajo. Currículum Vitae, modelos y
producción.
Vocabulario técnico. Notas formales a directivos, padres, profesores.
Partes y clasificación. Invitaciones, felicitaciones y agradecimiento.
Solicitudes. Circulares. Informes técnicos. Clasificación. Retórica del
Informe. El Informe de Lectura.
Memorando: Conceptos y
características. Circulares: Conceptos y características. Mecanismos de
circulación. Diferencias entre Circular y Memorando. Redacción de Memorando.
Redacción de Circulares. Acta. Decretos. Resoluciones. Disposiciones.
Conceptos. Diagramación.
Medios de
comunicación. Juventud y medios. Lectura. Medios masivos e industria cultural.
Prensa escrita. Reseña principales diarios argentinos. Programas televisivos.
Cine. Historia y lenguaje de imágenes en movimiento. La publicidad. Reseña y
recursos. Medios frente al futuro técnico informático. Conseguir la
reapropiación de los medios, para
convertirlos en agentes educativos, es responsabilidad de los Educadores.
NORMATIVA: Taller
de ortografía: Usos ortográficos: C, S,
Z. G, J, H. Signos de
puntuación Mayúsculas.
TALLER DE PRODUCCIÓN Y ANÁLISIS:
Producción de textos administrativos. Texto, producción y revisión en folletos,
El texto y su producción en propuestas de comunicación en Publisher y
PowerPoint.
TALLER DE LECTURA:
Lectura de textos breves seleccionados
Trabajos realizados:
Cuento analizado:
“Caperucita Roja.”
Érase una vez una niña muy bonita. Su madre
le había hecho una capa roja y la niña la llevaba tan a menudo que todo el mundo
la llamaba Caperucita Roja.
Un
día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuelita que vivía al
otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese en el camino,
porque cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre estaba acechando por
allí el lobo.
Caperucita Roja recogió la cesta con
los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para
llegar a casa de la Abuelita, pero no tenía miedo porque allí siempre se
encontraba con muchos amigos:
los pájaros, las ardillas...
los pájaros, las ardillas...
De repente vio al lobo, que era enorme,
delante de ella.
- ¿A dónde vas, niña? - le pregunto el
lobo con su voz ronca.
- A casa de mi Abuelita - dijo
Caperucita.
- No está lejos - pensó el lobo para sí,
dándose media vuelta.
Caperucita puso su cesta en la hierba y
se entretuvo cogiendo flores: - El lobo se ha ido
-pensó- , no tengo nada que temer. La abuelita se pondrá muy contenta cuando la lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles.
-pensó- , no tengo nada que temer. La abuelita se pondrá muy contenta cuando la lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles.
Mientras, el lobo se fue a casa de la
Abuelita, llamo suavemente a la puerta y la abuelita le abrió pensando que era
su nieta Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada
del lobo.
El lobo devoro a la Abuelita y se puso
su gorro rosa se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que
esperar mucho, ya que Caperucita Roja llego enseguida, toda muy contenta.
esperar mucho, ya que Caperucita Roja llego enseguida, toda muy contenta.
La
niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.
- Abuelita, abuelita, ¡que ojos más
grandes tienes!
- Son para verte mejor- dijo el lobo
tratando de imitar la voz de la abuela.
- Abuelita, abuelita, ¡que orejas más
grandes tienes!
- Son para oírte mejor- siguió diciendo
el lobo.
- Abuelita, abuelita, ¡que dientes más
grandes tienes!
- Son para... ¡comerte mejoooor!- y diciendo
esto, el lobo malvado se abalanzo sobre Caperucita y la devoro al igual que había
hecho con la abuelita.
Mientras tanto, el cazador se había
quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió
echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda
a un segador y los dos juntos llegaron al lugar.
Vieron la puerta de la casa abierta y
al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.
El cazador saco su cuchillo y rajo el
vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas!
Para
castigar al malvado lobo, el cazador le lleno el vientre de piedras y luego lo volvió
a cerrar.
Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.
Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.
En
cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero
Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar
con ningún desconocido que se encontrara en su camino. De ahora en adelante, seguiría
los consejos de su Abuelita y de su Mamá.
FIN
Referencias: INTRODUCCIÓN
NUDO
DESENLACE
Proverbio:
“Estaba furioso de no tener zapatos;
entonces encontré a un hombre que no tenía píes, y me sentí contento de mí
mismo.”
“El sabio
no dice lo que sabe, y el necio no sabe lo que dice."
Parábola: El
Tigre y el Zorro
Un hombre que paseaba por el bosque vio un zorro que había perdido sus patas, por lo que el hombre se preguntaba cómo podría sobrevivir. Entonces vio llegar a un tigre que llevaba una presa en su boca. El tigre ya se había atado y dejó el resto de la carne al zorro.
Al día siguiente Dios volvió a alimentar al zorro por medio del mismo tigre. El comenzó a maravillarse de la inmensa bondad de Dios y se dijo a sí mismo: «Voy también yo a quedarme en un rincón, confiando plenamente en el Señor, y éste me dará cuanto necesito».
Así lo hizo durante muchos días; pero no sucedías nada y el pobre hombre estaba casi a las puertas de la muerte cuando oyó una Voz que le decía: « ¡Oh tú, que te hayas en la senda del error, abre tus ojos a la Verdad! ¡Sigue el ejemplo del tigre y deja ya de imitar al pobre zorro mutilado!».
Un hombre que paseaba por el bosque vio un zorro que había perdido sus patas, por lo que el hombre se preguntaba cómo podría sobrevivir. Entonces vio llegar a un tigre que llevaba una presa en su boca. El tigre ya se había atado y dejó el resto de la carne al zorro.
Al día siguiente Dios volvió a alimentar al zorro por medio del mismo tigre. El comenzó a maravillarse de la inmensa bondad de Dios y se dijo a sí mismo: «Voy también yo a quedarme en un rincón, confiando plenamente en el Señor, y éste me dará cuanto necesito».
Así lo hizo durante muchos días; pero no sucedías nada y el pobre hombre estaba casi a las puertas de la muerte cuando oyó una Voz que le decía: « ¡Oh tú, que te hayas en la senda del error, abre tus ojos a la Verdad! ¡Sigue el ejemplo del tigre y deja ya de imitar al pobre zorro mutilado!».
Leyenda: CATARATAS DEL IGUAZÚ:
Cuenta la leyenda que hace muchos años,
habitaba el río Iguazú, una enorme y monstruosa serpiente cuyo nombre era Boi.
Los indígenas guaraníes debían una vez por año sacrificar una bella doncella y
entregársela a Boi, arrojándola al río.
Para esta ceremonia se invitaba a todas las tribus guaraníes, aún a las que vivían más alejadas. Fue así que un año llego al frente de su tribu, un joven cacique cuyo nombre era Tarobá; el cual al conocer a la bella doncella india, que ese año estaba consagrada al sacrificio y cuyo nombre era Naipí, se reveló contra los ancianos de la tribu y en vano intentó convencerlos que no sacrificaran a Naipí. Para salvarla sólo pensó en raptarla y la noche anterior al sacrificio cargó a Naipí en su canoa e intentó escapar por el Río. Pero Boi que se había enterado de esto, se puso furiosa y su furia fue tal que encorvando su lomo partió el curso del río formando las cataratas, atrapó a Tarobá y a Naipí.
A él lo transformo en los árboles que hoy podemos ver en la parte superior de las cataratas y a la cabellera de la bella Naipí en la caída de las mismas.
Luego se sumergió en la Garganta del Diablo, y desde ahí vigila que los amantes no vuelvan a unirse... pero, sin embargo, en días de pleno sol, el arco iris supera el poder de Boi y los une......
Para esta ceremonia se invitaba a todas las tribus guaraníes, aún a las que vivían más alejadas. Fue así que un año llego al frente de su tribu, un joven cacique cuyo nombre era Tarobá; el cual al conocer a la bella doncella india, que ese año estaba consagrada al sacrificio y cuyo nombre era Naipí, se reveló contra los ancianos de la tribu y en vano intentó convencerlos que no sacrificaran a Naipí. Para salvarla sólo pensó en raptarla y la noche anterior al sacrificio cargó a Naipí en su canoa e intentó escapar por el Río. Pero Boi que se había enterado de esto, se puso furiosa y su furia fue tal que encorvando su lomo partió el curso del río formando las cataratas, atrapó a Tarobá y a Naipí.
A él lo transformo en los árboles que hoy podemos ver en la parte superior de las cataratas y a la cabellera de la bella Naipí en la caída de las mismas.
Luego se sumergió en la Garganta del Diablo, y desde ahí vigila que los amantes no vuelvan a unirse... pero, sin embargo, en días de pleno sol, el arco iris supera el poder de Boi y los une......
ROMANCE
“EL ENAMORADO DE LA MUERTE”
Un sueño soñaba
anoche soñito del alma mía,
soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca, muy más que la nieve fría.
— ¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas, ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante: la Muerte que Dios te envía.
— ¡Ay, Muerte tan rigurosa, déjame vivir un día!
—Un día no puede ser, una hora tienes de vida.
soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca, muy más que la nieve fría.
— ¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas, ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante: la Muerte que Dios te envía.
— ¡Ay, Muerte tan rigurosa, déjame vivir un día!
—Un día no puede ser, una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba, más deprisa se vestía;
ya se va para la calle, en donde su amor vivía.
ya se va para la calle, en donde su amor vivía.
— ¡Ábreme la puerta, blanca, ábreme la puerta,
niña!
— ¿Cómo te podré yo abrir si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio, mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche, ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando, junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadiría.
— ¿Cómo te podré yo abrir si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio, mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche, ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando, junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe; la muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida.
—Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida.
Anónimo
Cuento fantástico de
El Hada y la Sombra
Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los
hombres y sus ciudades llenaran la tierra, antes incluso de que muchas cosas
tuvieran un nombre, existía un lugar misterioso custodiado por el hada del
lago. Justa y generosa, todos sus vasallos siempre estaban dispuestos a
servirle. Y cuando unos malvados seres amenazaron el lago y sus bosques, muchos
se unieron al hada cuando les pidió que la acompañaran en un peligroso viaje a
través de ríos, pantanos y desiertos en busca de la Piedra de Cristal, la única
salvación posible para todos.
El hada advirtió de los peligros y
dificultades, de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se
asustó. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo
día, el hada y sus 50 más leales vasallos comenzaron el viaje.
El
camino fue aún más terrible y duro que lo había anunciado el hada. Se
enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y vagaron perdidos por
el desierto sufriendo el hambre y la sed. Ante tantas adversidades muchos se
desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que sólo
quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el mejor luchador, ni
siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al hada hasta el final.
Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba como los demás, Sombra
respondía siempre lo mismo “Os dije que os acompañaría a pesar de las
dificultades, y eso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque haya
sido verdad que iba a ser duro”.
Gracias a su leal Sombra pudo el hada por
fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no
estaba dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un último gesto de
lealtad, se ofreció a cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián
por el resto de sus días…
La poderosa magia de la Piedra de Cristal
permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada
noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso
compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. Y en su recuerdo,
queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada
ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche,
todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.
Cuento
maravilloso: El gallo, el pato y las Sirenas
Hace mucho tiempo, un pato y un gallo, que
eran grandes amigos, discutían a menudo sobre la misma cuestión: la existencia
de las sirenas.Hartos de discutir, decidieron ir hasta el mar y comprobar con sus propios ojos, cuál de los dos tenía razón. Con esa intención se adentraron en el fondo marino, viendo a su paso a gran cantidad de peces de colores, próximos a la superficie. Conforme iban bajando, encontraban peces de mayor tamaño y de aspecto más terrorífico, hasta que llegaron a un lugar en el que todo estaba tan oscuro, que no podían ver ni su propia mano.
Tanto les asustaba esta situación, que salieron lo más deprisa que pudieron del agua, prometiendo el gallo, que nunca más volvería a intentar buscar a las sirenas. El pato, que era mucho más valiente, consiguió hacerle romper su promesa y cargados con una gran linterna, volvieron a bajar a las profundidades submarinas.
Cuando llegaron al lugar que tanto los asustaba, iluminaron la oscuridad con su linterna y se encontraron con una gran familia de sirenas, que estaban confundidas por su comportamiento anterior, ya que ellas solo querían ser sus amigas.
Así fue como el pato y el gallo, se hicieron amigos de las sirenas y nunca volvieron a discutir.
Cuento
policial: LA
PIEZA AUSENTE.
Comencé a coleccionar rompecabezas cuando tenía quince años. Hoy no hay
nadie en esta ciudad – dicen – más hábil que yo para armar esos juegos que
exigen paciencia y obsesión.
Cuando leí en el diario que habían asesinado a Nicolás
Fabbri, adiviné que pronto sería llamado a declarar. Fabbri, era director del
Museo del Rompecabezas. Tuve razón: a las doce de la noche la llamada de
un policía me citó al amanecer en las puertas del Museo.
Me recibió un detective alto, que me tendió la mano distraídamente,
mientras decía su nombre en voz baja –Lainez- como si pronunciara una mala
palabra. Le pregunté por la causa de la muerte:- veneno- dijo entre dientes.
Me llevó hasta la sala central del Museo, donde está el
rompecabezas que representa el plano de la ciudad, con dibujos de edificios y
monumentos. Mil veces había visto ese rompecabezas: nunca dejaba de
maravillarme. Era tan complicado que parecía siempre nuevo, como si, a medida
que la ciudad cambia ba, manos secretas alteraran sus innumerables fragmentos.
Noté que faltaba una pieza.
Laínez buscó en su bolsillo. Sacó un pañuelo, un cortaplumas, un
dado, y al final apareció la pieza. – Aquí la tiene. Encontramos a Fabbri
muerto sobre el rompecabezas. Antes de morir arrancó esta pieza. Pensamos que
quiso dejarnos una señal.
Miré la pieza. En ella se dibujaba el edificio de una biblioteca, sobre una
calle angosta. Se leía, en letras diminutas, pasaje La Piedad.
- Sabemos que Fabbri tenía enemigos – dijo Laínez – Coleccionistas resentidos,
como Santandrea, varios contrabandistas de rompecabezas, hasta un ingeniero
loco, constructor de juguetes, con el que se peleó una vez.
- Troyes –dije -. Lo recuerdo bien.
- También está Montaldo, el vicedirector del Museo, que quería ascender a toda
costa.
- ¿Relaciona a alguno de ellos con esa pieza? – Dije que no.
- ¿Ve la B mayúscula, de Biblioteca? Detuvimos a Benveniste, el anticuario,
pero tenía una buena coartada. También combinamos las letras de la Piedad
buscando anagramas. Fue inútil. Por eso pensé en usted.
Miré el tablero: muchas veces había sentido vértigo ante lo minucioso de esa
pasión, pero por primera vez
Sentí el
peso de todas las horas inútiles. El gigantesco rompecabezas era un monstruoso
espejo en el que ahora me obligaban a reflejarme. Solo los hombres incompletos
podíamos entregarnos a aquella locura. Encontré (sin buscarla, sin interesarme)
la solución.
- Llega un momento en el que los coleccionistas ya no vemos las piezas.
Jugamos en realidad con huecos, con espacios vacíos. No se preocupe `por las
inscripciones en la pieza que Fabbri arrancó: mire mejor la forma del hueco.
Laínez miró el punto vacío en la ciudad parcelada: leyó entonces la forma de
una M.
Montaldo fue arrestado de inmediato. Desde entonces, cada mes me envía por
correo un pequeño rompecabezas que fabrica en la prisión con madera y cartones.
Siempre descubro, al terminar de armarlos, la forma de una pieza ausente, y leo
en el hueco la inicial de mi nombre.
Pablo De
Santis.
Cuento de
Terror 13: "Una Noche en el Hospital"
Al despertar sobre aquella cama en el
hospital, lo primero que vino a mi mente fue el coche rojo apareciendo de
súbito en la esquina, y mi moto chocando y estallando en llamas cerca de un
poste de la luz. Recordé las interminables volteretas en el aire y finalmente
el doloroso choque contra el asfalto mojado. Luego, la
oscuridad.
Me
incorporé de la cama y miré hacia los pies. Esperaba encontrar mi cuerpo
cubierto de yeso, pero me sorprendió descubrir que ni siquiera tenía una
escayola en el brazo. Había salido milagrosamente ileso del accidente, y apenas
si me dolía la cabeza, aunque me sentía más mareado que otra cosa. Giré la
vista hacia la ventana; pese a que las celosías estaban cerradas supuse que
debía ser de noche, porque el hospital estaba en calma y no se escuchaba el
bullicio habitual de un sanatorio durante las horas diurnas.
-Parece que
fue un accidente con suerte- dijo una voz a mi derecha. Miré en esa dirección,
y vi a un anciano recostado en la cama vecina, que leía un libro. Le dije que sí,
que probablemente así había sido, y luego le pregunté si sabía cómo llamar a
las enfermeras.
-Tiene un
timbre ahí al costado- dijo el viejo, con gestos sorprendidos-. ¿Acaso le duele
algo?
-No, pero tengo sed. Mucha sed. ¿Hace mucho que estoy aquí?
-No tengo
idea, amigo. A mí me trajeron esta mañana, y usted ya estaba en la sala.
Toqué timbre varias veces, pero la enfermera nunca apareció. De verdad me moría de sed, así que me levanté y me metí al baño y tomé agua del grifo. Cuando regresé, el viejo parecía dormido y su cuerpo flotaba, como un globo, a unos cuarenta centímetros de la cama. Comenzó a convulsionar, y cuando abrió los ojos vi que los tenía en sangre y su rostro hacía muecas de dolor o sufrimiento. Salí de la habitación y cerré la puerta detrás de mí, con el corazón enloquecido en mi pecho. En ese momento, por el largo pasillo del pabellón, un paciente caminaba apoyado en un trípode. Tenía la bata abierta y había cosas que se movían en su espalda; volteó para mirarme, y su rostro era un cráneo sin ojos. Corrí en dirección opuesta y me encontré con la sala de enfermeras al final del pasillo. No había nadie allí, aunque me llamó la atención que el lugar estuviese tan sucio y desordenado, como si no se usara durante años. Algunos azulejos habían caído de las paredes y el mueble del escritorio estaba cubierto de polvo y de trozos de mampostería desprendidos del techo. Ante mi desconcertada mirada, el lugar se fue haciendo más y más vetusto, las paredes se fueron cubriendo de moho, las luces del techo titilaron y luego se apagaron, más trozos de mampostería cayeron y algunos vidrios de los ventanales estallaron hacia adentro con un estridente chirrido. Seguí corriendo y me encontré con una escalera: la bajé a toda prisa mientras percibía que el hospital entero temblaba sobre sus cimientos, como si fuera a desplomarse de un momento a otro. Finalmente encontré la salida y me abalancé sobre ella. Corrí unos metros en la noche y luego me detuve y miré hacia atrás, pero mi sorpresa fue completa al descubrir que allí no había ningún hospital, sólo un terreno cubierto de pastizales tan altos como hombres.
Toqué timbre varias veces, pero la enfermera nunca apareció. De verdad me moría de sed, así que me levanté y me metí al baño y tomé agua del grifo. Cuando regresé, el viejo parecía dormido y su cuerpo flotaba, como un globo, a unos cuarenta centímetros de la cama. Comenzó a convulsionar, y cuando abrió los ojos vi que los tenía en sangre y su rostro hacía muecas de dolor o sufrimiento. Salí de la habitación y cerré la puerta detrás de mí, con el corazón enloquecido en mi pecho. En ese momento, por el largo pasillo del pabellón, un paciente caminaba apoyado en un trípode. Tenía la bata abierta y había cosas que se movían en su espalda; volteó para mirarme, y su rostro era un cráneo sin ojos. Corrí en dirección opuesta y me encontré con la sala de enfermeras al final del pasillo. No había nadie allí, aunque me llamó la atención que el lugar estuviese tan sucio y desordenado, como si no se usara durante años. Algunos azulejos habían caído de las paredes y el mueble del escritorio estaba cubierto de polvo y de trozos de mampostería desprendidos del techo. Ante mi desconcertada mirada, el lugar se fue haciendo más y más vetusto, las paredes se fueron cubriendo de moho, las luces del techo titilaron y luego se apagaron, más trozos de mampostería cayeron y algunos vidrios de los ventanales estallaron hacia adentro con un estridente chirrido. Seguí corriendo y me encontré con una escalera: la bajé a toda prisa mientras percibía que el hospital entero temblaba sobre sus cimientos, como si fuera a desplomarse de un momento a otro. Finalmente encontré la salida y me abalancé sobre ella. Corrí unos metros en la noche y luego me detuve y miré hacia atrás, pero mi sorpresa fue completa al descubrir que allí no había ningún hospital, sólo un terreno cubierto de pastizales tan altos como hombres.
Caminé
unos pasos por la calle desierta, sin saber qué hacer. Enseguida me encontré
con el vigilante del barrio que refugiado en su garita trataba de encender un
cigarrillo.
-Hombre,
no sabe lo que acabo de ver- le dije con voz temblorosa. El vigilante no me
prestó atención, por lo que seguí caminando. Dos cuadras más adelante me topé
con un grupo de personas reunido en la calle. Cuando me arrimé vi el coche rojo
destrozado, y mi motocicleta hecha un amasijo de hierros retorcidos en la
acera. Había un cuerpo inerte sobre una camilla, bañado por las luces
intermitentes de la ambulancia. Me acerqué a tiempo para contemplar mi rostro
ensangrentado y desfigurado, los ojos ya sin vida, antes de que uno de los
paramédicos lo cubriera con una sábana.
Cuento Realista:
Cuando Juan terminó la primaria estaba
deseosa de ir a la ciudad. “El trabajo del campo no es para mí, yo estoy
destinado a algo mucho mejor” decía. Así que un buen día hizo su maleta y
partió rumbo a la gran urbe, no sin antes pedirle a su madre que le diera su
bendición y le prometió regresar pronto con el dinero suficiente para que ni
ella ni su padre tuvieran que seguir trabajando la tierra.
-El
trabajar la tierra es el mejor trabajo del mundo, aunque es mal pagado, el
obtener de la naturaleza los alimentos es algo muy noble, no sé por qué te
avergüenzas de eso. – decía su padre al tiempo que también le daba la bendición
y algunos centavos y su madre algo de comer para el camino.
Juan tomó el camión que lo llevaría a la
gran ciudad, la cual estaba a un par de horas de su pueblo.
Al llegar a la ciudad bajó del camión y se
encaminó a la salida, vio con asombro lo grande de los edificios y las grandes
multitudes de carros y personas que estaban a la vista, “En mi pueblo hay
muchísimas menos personas de las que hay en esta terminal” pensó para sí. En
ese momento una persona se acercó a él para pediré un favor.
- Disculpe
joven, soy nuevo aquí, voy llegando de mi pueblo ¿Podría decirme cómo llego al
centro de la ciudad? – Le pregunto el señor a Juan, quien encogiendo los
hombros le contestó.
-Lo
siento, igual voy llegando y no sabría decirle.
Mientras
esto sucedía un muchacho se acercaba por atrás y tomaba las cosas de Juan,
quien las había puesto en el piso. Al ver que el muchacho ya se encontraba
perdido de vista el señor agradeció a Juan y se retiró velozmente.
Al darse cuenta Juan de que sus cosas habían
desaparecido decidió en ese momento regresar a su pueblo, estaba espantado de
la gran ciudad y sólo deseaba regresar a la protección de su casa y a la
tranquilidad de trabajar en el campo.
|
1. Otra
versión de Caperucita Roja:
Su madre la envió otra vez, como cada
semana a casa de su abuela: ésta había llamado por la tarde contándole a su
hija que se sentía muy mal, que apenas podía levantarse de la cama y que en su
casa hacía mucho frío. Su hija, amorosa y atenta, no tenía tiempo de ir a
socorrer a su madre así que, en su lugar, enviaba a su pequeña Ana, a quien
todos llamaban Caperucita Roja porque le gustaba vestir con todo el rostro
cubierto de un paño de ese color. Andando iba la niña con su canasta llena de comida preparada especialmente para la abuela y su rostro rígido. No le gustaba hacer ese mandado; odiaba a su abuela y detestaba ese camino que separaba sus casas. No quería llegar así que se entretuvo juntando florecitas y mirando la vida de los pajaritos, libres, felices, que la rodeaban y que, en ese instante en el que ella se dirigía hacia casa de esa abuela mala, ellos sobrevolaban el cielo con sus alitas pequeñas: le habría gustado tanto ser un pájaro.
Al llegar a la casa de la abuela, golpeo la puerta, y…. ohhhh!!! Sorpresa… la abuela estaba acompañada tomando mate y cocinando para almorzar con su nuevo novio. Caperucita se sintió muy feliz porque tenía abuelo. Y vivieron felices.
FIN
2. Elaboración
de un nuevo texto a partir de pre- texto seleccionado por el grupo.
Poesía de Las Cataratas del
Iguazú:
Hermosa
y caudalosa por demás
Cataratas
del Iguazú te has de llamar
Por
una enorme y monstruosa serpiente
Los
indígenas te debieron sacrificar
A
una bella y hermosa doncella
Que
luego el corazón de un joven cacique conquisto
Revelándose
contra los ancianos d la tribu
Corrieron,
corrieron y el río atravesaron
Causo
mucha euforia y al cacique en árbol convirtió
Y
la cabellera de Naipí en cascadas transformó.



